“Es como volar por el fondo del mar, igual que vivir los cuentos de Julio Verne. Veinte mil leguas de viaje submarino mirando la infinidad del mar”, explica uno de los propietarios del Phoenix 1000; submarino de lujo que comercializa la empresa Theresa Bernabé.
¿Te imaginas explorando las profundidades del mar, presenciando el rescate de las cavas submarinas (un tesoro escondido en las costas del Pacífico), fotografiando un tiburón ballena albino o descubriendo las más profundas aguas de las islas Galápagos?
Todo ello resulta posible en este lujoso submarino que llega ahora a España, diseñado en colaboración con aeronautas y cuyo formato permite alcanzar velocidades de hasta 18 nudos, a pesar de sus 1.500 toneladas de peso. La cámara acrílica, completamente climatizada y fabricada del mismo material que las naves espaciales de la NASA, ofrece la necesaria seguridad a los pasajeros cuando se encuentran a 610 m debajo del nivel del mar. La capacidad de inmersión contínua alcanza las 460 horas, lo cual significa que durante 20 días la embarcación podría estar permanentemente sumergida sin necesidad de salir a la superficie.
El puente de mando, con el joystick digital y las pantallas táctiles, cuenta con la más avanzada tecnología, equivalente a la de un yate de lujo. Debajo de ese primer piso, se encuentra el salón principal, en el que existe la opción de montar un garaje para aparcar el coche, con su correspondiente bar.
Seis son los camarotes existentes en este exclusivo submarino, decorados en diferentes estilos, cada uno con un espacioso aseo y ventanas de 1,5m de diámetro en forma de lente.
Bajando a la cubierta inferior encontramos el comedor, equipado con sonido Dolby Digital para disfrutar de una película proyectada en la pantalla de dimensiones dignas de una sala de cine privada. En definitiva, una mansión submarina que no está al alcance de todos. ¿Su precio? Más de 50 millones de euros.
Fotografía: Theresa Bernabé