Aliviar tensiones, calambres musculares, acabar con el dolor o recuperar el sueño son sólo algunos de los beneficios de esta nueva técnica de relajación que llega de EE.UU.: el masaje con piedras frías de mármol y rocas calientes volcánicas.
Las calientes y balsámicas, que pueden llegar a alcanzar los 60°C y son de origen volcánico porque mantienen la temperatura durante más tiempo, ayudan en la dilatación de los vasos sanguíneos y linfáticos mientras que las frías, normalmente de mármol, relajan los músculos, oxigenan y tonifican la piel y le dan un brillo especial.
En esta curiosa técnica de masaje se combina la presión manual con la colocación de las piedras sobre órganos y músculos clave y sobre los que milenariamente se consideran los puntos energéticos del cuerpo: la columna vertebral, el abdomen, el centro de la frente, las manos y los dedos de los pies.
Mientras que las piedras son las que permiten que la presión sea mucho mayor, los especialistas juegan con el contraste de temperaturas para calmar dolores, favorecer la segregación de histamina (una sustancia natural antinflamatoria) o reducir el estrés.
La clave de este tipo de masaje consiste en que primero las piedras calientes relajan la musculatura y permiten que el calor relajante entre en los puntos donde se localiza el dolor o la tensión; es entonces cuando las piedras frías activan la circulación en la zona y ayudan a rebajar la tensión acumulada.