La temporada de nieve no ha llegado todavía, pero no está mal recordar, como cada temporada, la importancia de utilizar un buen protector solar cuando en nuestras escapadas a la montaña.
Al contrario de lo que muchos piensan, los rayos UVA del sol son mucho más dañinos en la sierra que en la playa. ¿Por qué? La explicación es bien sencilla: mientras la hierba, la arena y el agua reflejan entre un 10-25% de la radiación, la nieve fresca y el hielo reflejan casi un 80%, por lo que la exposición es mucho más peligrosa.

Además, con la altitud disminuye el espesor de la atmósfera capaz de absorber y dispersar esa radiación (por cada 300 metros de altura, aumenta más de un 5%).
Las cremas de protección solar hay que aplicarlas cada 2-3 horas aunque el día esté nublado, sobre todo en zonas más desprotegidas como la nariz o las orejas. Deben ser resistentes al agua y tienen que ser capaces de resistir los cambios de temperatura bruscos de la montaña.
Los expertos recomiendan utilizar factores de protección superiores a 20 porque el frío reseca mucho la piel, la hace más sensible a los rayos solares y favorece la aparición de quemaduras.
Además del cutis, hay dos zonas especialmente sensibles que tampoco podemos descuidar: los ojos y los labios. Los primeros hay que protegerlos con unas gafas de sol especiales para radiaciones elevadas que tengan protecciones laterales que evitan la entrada del frío y del viento; para los labios es fundamental utilizar protectores labiales especiales para la nieve.
Fotografía: Andre Charland